Cuando tienes tanto dinero que tus tataranietos no tendrían que trabajar ni un solo día de sus vidas, el concepto de «gasto» cambia por completo. Los multimillonarios no compran solo mansiones o superdeportivos; a veces, el aburrimiento y una cuenta bancaria infinita dan como resultado las compras más absurdas, extravagantes y caras del planeta.
Hoy nos adentramos en el club más exclusivo del mundo para descubrir en qué se gastan el dinero los ricos cuando ya lo tienen todo.
1. El tiburón de los 12 millones de dólares
Si eres uno de los gestores de fondos de inversión más exitosos de Wall Street, como Steve Cohen, un acuario con peces de colores se te queda corto. En el año 2004, Cohen le compró al artista Damien Hirst una de sus obras más polémicas: un tiburón tigre real de más de 4 metros, preservado en una vitrina llena de formaldehído.
El capricho costó la friolera de 8 millones de dólares (que con la inflación y la revalorización hoy supera los 12 millones). Lo peor de la historia es que el tiburón original empezó a pudrirse porque no estaba bien preservado, y Cohen tuvo que pagar una fortuna extra para que cazaran otro tiburón idéntico y lo reemplazaran.
2. Un pueblo entero como decoración
¿Para qué comprar una mansión si puedes comprar el pueblo entero? Eso debió pensar la actriz Kim Basinger en 1989. Junto a un grupo de inversores, compró el pequeño pueblo de Braselton, en Georgia (EE.UU.), por 20 millones de dólares.
Su idea era surrealista: quería convertir el lugar en una atracción turística cinematográfica y construir unos estudios de cine. Al final, la jugada le salió fatal, las finanzas se hundieron y tuvo que venderlo unos años después por apenas un millón de dólares, declarándose en bancarrota. Un capricho que costó muy caro.
3. El yate de oro que (quizás) nunca existió
En el mundo de los megayates, el tamaño importa, pero el material importa más. Se rumorea que un misterioso empresario de Malasia pagó la insólita cantidad de 4.800 millones de dólares por el History Supreme, un yate de apenas 30 metros de eslora.
¿Por qué ese precio astronómico? Porque supuestamente está recubierto con 100.000 kilos de oro macizo y platino, e incluye en el camarote principal una pared hecha con roca de meteorito y un hueso auténtico de un Tiranosaurio Rex. Aunque muchos expertos aseguran que se trata de un bulo publicitario muy bien montado, sigue siendo el epítome de la locura millonaria.
4. Subastas del espacio exterior
Los meteoritos y las rocas lunares son el nuevo oro para los magnates tecnológicos. Elon Musk, Jeff Bezos y otros grandes nombres compiten de forma privada en subastas para hacerse con fragmentos de Marte o de la Luna. No los quieren para estudiar la ciencia del espacio, sino para usarlos como pisapapeles en sus despachos de lujo o integrarlos en las esferas de sus relojes de pulsera personalizados, cuyos precios superan fácilmente el millón de euros.
Conclusión: ¿Por qué gastan en lo absurdo?
Para el ciudadano de a pie, gastar millones en un tiburón muerto o en un trozo de roca espacial parece una locura. Sin embargo, en la cumbre del dinero, estas compras no son por utilidad; son por estatus y ego. En un mundo donde cualquiera de sus amigos puede comprarse un Ferrari, el verdadero lujo es tener algo que nadie más en el planeta pueda replicar.